Un tropiezo, un abrazo. Un guiño, un estornudo. El viento en el cabello, una visita en la tarde. Los dientecillos en la sonrisa eterna de mi hijo. Mi viejo PC, el hambre, la saciedad. Un paseo, una pelea. Todo es un relato.
domingo, 4 de mayo de 2014
Lo admito.
No lo podía escuchar hablar siquiera. Sentía cómo la sangre me palpitaba, cosquillosamente, en la vagina.
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